La partida de ajedrez inmortal

Los protagonistas de esta historia son Kieseritzky, soviético, considerado uno de los más prestigiosos ajedrecistas de su época. Y Anderssen, alemán, no tan famoso en el mundillo como su contrincante, pero admirado por muchos gracias a su revista de problemas ajedrecísticos.

El 21 de junio de 1851 ambos ajedrecistas se enfrentaron en un partida amistosa ante unos pocos espectadores. Se trataba de una partida de entrenamiento para preparar el que podría considerarse primer campeonato del mundo de ajedrez (aunque todavía no lo llamaban así) que se iba a celebrar unos días después en la misma ciudad, y para el que ambos se habían clasificado. Ninguno de los allí presentes podían ni imaginarse que estaban a punto de presenciar la que para muchos, transcurrido ya más de un siglo y medio después, sigue siendo la más sorprendente y audaz partida de la historia.

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La partida empezó a llamar la atención cuando, tras unos primeros movimientos aparentemente rutinarios, Anderssen desprecia a su propio alfil, y permite que se lo coma el peón de las negras. Se oyeron los primeros murmullos en el salón. Un alfil de diferencia en una partida “casera” es una simple ventaja. Entre maestros, es media partida.

Continúo el enfrentamiento, con las negras con la indicada ventaja, cuando Anderssen realiza otro movimiento sorprendente. Esta vez deja que las negras se coman una de sus torres y sigue ensimismado en la colocación, aparentemente inofensiva, de sus propias piezas.

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La actuación de Anderssen empezaba a parecer desquiciada cuando, a continuación, ponía a merced de su contrincante también la otra torre. Kieseritzky, sin duda aturdido por las extrañas concesiones de su contrincante, revisó el tablero para comprobar si se le escapaba algo. De naturaleza desconfiada, como buen soviético, lo miró y lo volvió a mirar. Pero no vio nada que le impidiera hacer lo evidente, eliminar la otra torre de su rival. En ese momento las negras tenían un alfil y las dos torres de ventaja. Todo el mundo esperaba que Anderssen se levantara de su silla y ofreciera su mano a su adversario, en señal de rendición.

Después de una serie de movimientos aparentemente sin trascendencia, Anderssen, en un último movimiento inolvidable, puso su reina blanca a merced del caballo de las negras. Obviamente, las negras se comieron a la reina de las blancas. En ese momento la ventaja de las negras era ya de un alfil, dos torres y una reina.

Fue entonces, con todo aparentemente perdido, cuando Anderssen colocó su alfil dando jaque al rey de las negras. Esa amenaza, unida a sus dos caballos colocados varios movimientos antes, sin llamar mucho la atención, le dieron un inesperado, y magistral, jaque mate. Tenía un alfil, dos torres y una reina menos que su contrincante, pero había ganado la partida con una estrategia brillante y audaz.

Esta partida ha sido analizada hasta el infinito por múltiples expertos durante más de 150 años. Muchos coinciden en que ya desde que “regaló” su primer alfil, Anderssen tenía en su cabeza todo lo que iba a pasar.

Los que no somos expertos del ajedrez podemos quedarnos con que, hasta cuando peor pintan las cosas, se les puede dar la vuelta. Como bien hizo Anderssen en aquella partida…inolvidable.

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2 respuestas a La partida de ajedrez inmortal

  1. CURRA dijo:

    Que subidon de moral da esa partida de ajedrez.
    Muchas gracias

    Me gusta

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