El equipo que tenía prohibido perder

Para comprender esta historia tenemos que ubicarnos en la época de la guerra fría. La Unión Soviética y Estados Unidos se desafían en todos los campos: militar; social; político; económico; tecnológico y deportivo.

A principios de los 50 el Partido Comunista decide que hay que crear un equipo deportivo “invencible”. Eligen como deporte el hockey sobre hielo que saben que también les gusta mucho a sus grandes enemigos. Crean un sistema de selección de jugadores por todo el país. Ponen en marcha su famoso aparato propagandístico y consiguen que, en pocos años, el mayor orgullo de cualquier padre soviético sea que su hijo consiga ser seleccionado para participar en la “Máquina Roja” que es como se apoda a la selección soviética de hockey hielo. Para culminar el plan, nombran seleccionador a Anatoli Tarasov, un genio loco pero muy inteligente que estudió la aplicación al hockey de las tácticas del ajedrez (aprendidas del mismísimo Carpov) o los métodos de entrenamiento del ballet ruso.

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La Máquina Roja está perfectamente engrasada. El equipo juega al hockey como nadie y ganan de forma consecutiva los juegos olímpicos de 1964; 1968; 1972 y 1976. En estos últimos JJOO el equipo ya no está dirigido por Tarasov sino por Tikhonov. A pesar de sus éxitos deportivos el genial Tarasov ha sido destituido porque el Gobierno soviético prefiere a alguien más cercano al régimen en un puesto tan simbólico para la nación en aquel momento. El nuevo seleccionador, Tikhonov, es un hombre muy vinculado al KGB y tremendamente fiel al régimen.

En la década de los 70 aparecen, además, cinco jugadores excepcionales que formaron, para muchos, el mejor quinteto de la historia del hockey hielo.

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Llegamos a 1980. Los JJOO olímpicos se celebran en USA, en casa de sus grandes rivales.  La selección soviética lleva 12 años sin perder un solo partido de hockey. Comienzan el torneo goleando a todos sus rivales. En semifinales se cruzan con USA y se produce la debacle. Contra todo pronóstico USA vence por 4-3. La Máquina Roja hizo más de 50 disparos a puerta pero, al parecer, el portero norteamericano jugó el partido de su vida. Primera derrota en 12 años y es precisamente frente a Estados Unidos y en Estados Unidos.  La revista Sports Illustrated consideró aquel partido como el evento deportivo más relevante del siglo XX. Años más tarde Hollywood hizo una película sobre el mismo (muy entretenida por cierto) que titularon de forma muy significativa como “The miracle”.

US Olympic Hockey Team - Lake Placid March 3, 1980 X 24199 credit: Heinz Kluetmeier - staff

En la Unión Soviética la cosa fue mucho más grave. Los medios de comunicación soviéticos tardaron varios días en hacer público el resultado del partido. En el periódico oficial del régimen directamente nunca se mencionó.

455192621[1]Los jugadores, hasta ese momento el orgullo de la nación, fueron severamente castigados. Tikhonov, en connivencia con el Presidente Brezhnev, ordenó que fueran recluidos en una fortaleza sin poder recibir visitas de nadie. Hacían 4 sesiones de entrenamientos al día.  Nadie podía negarse. Sólo el capitán Fetissov (el mejor defensa de la historia de este deporte) osó protestar, pero de nada le sirvió. Con ese régimen espartano (11 meses al año encerrados) continuaron los siguientes 4 años hasta los Juegos Olímpicos de Sarajevo, en 1984. Ganaron un nuevo oro para su país. Pero ni siquiera eso les sirvió para que se cambiara su rutina.

La liga Profesional Norteamericana empezó a tentar a varios de los mejores jugadores soviéticos con contratos millonarios. El Gobierno no permitió que ninguno de ellos saliera del país. Pero le prometieron a su capitán, Fetissov, que si volvían a ganar el oro Olímpico en Canadá, le dejarían irse a terminar su carrera en USA con un gran contrato. La Máquina Roja volvió a ganar los Juegos Olímpicos en Canadá, ya en 1988.

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Pero el Gobierno ruso le dijo a Fetissov que el 90% del millón de dólares que le ofrecían por jugar en la NHL lo tenía que donar a las arcas soviéticas. Fetissov se negó. Y decidió no volver a jugar para la Unión Soviética. Propuso a sus compañeros de equipo (amigos desde la infancia) que hicieran lo mismo. Pero no se atrevieron. Todo el país le dio la espalda. No le dejaban ni entrenarse. Solamente un viejo conocido, Anatoli Tarasov, se atrevió a desobedecer la orden gubernamental y siguió entrenándole en secreto para que no perdiera la forma.

Un tiempo después el Gobierno soviético empieza a permitir la salida de sus mejores jugadores (todos ellos a cambio de entregar al Estado una parte importante de su abultado salario). Fetissov sigue negándose a acceder a dicho chantaje.

Los jugadores soviéticos desembarcan en diferentes equipos de la liga norteamericana y les va mal. No están acostumbrados a una forma de jugar tan agresiva. Y, además, los aficionados nos les tienen precisamente simpatía. Llega, por fin, también Fetissov. Y el presidente de los Detroit Red Wings tiene una idea, en principio, disparatada. Reunir en su equipo al quintento de jugadores soviéticos, ya casi cuarentones, que marcó una época del hockey hielo. La gente de Detroit no quería. Pero el Presidente del equipo se empeñó y los reunió. Y estos jugadores, en el ocaso de su carreras, tuvieron un último y, merecido, momento de gloria. Contra todo pronóstico hicieron a Detroit campeón de la liga NHL.

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Al final, estos inolvidables jugadores, en el último año de su carrera, en el territorio de su antiguo gran rival, despojados por fin de utilizaciones políticas y patrióticas, volvieron a disfrutar jugando (y ganando) al hockey juntos, como los buenos compañeros que siempre fueron.

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6 respuestas a El equipo que tenía prohibido perder

  1. Shusi dijo:

    Gracias por el entretenimiento. 🙂 a por las 40!

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  2. Tito dijo:

    Grande chicos metiendo épica deportiva
    Vaya manera de sacar medallas tenía el comunismo por cierto
    Abrazos

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  3. CURRA dijo:

    Esta historia veridica del hockey me ha !! llegado!!|
    A mi que me encanta el hockey , el primer entrenador ruso me parece un crack y el segundo un animal de bellota pero…… al final campeones del mundo mundial

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  4. Anatoli Tarasov (el primer entrenador) sigue siendo hoy en día, para muchos, el mejor entrenador de la historia del Hockey Hielo…un auténtico genio.

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