40 años sin saber por qué le perdonaron la vida

 

Nos vamos de vacaciones hasta septiembre! pero antes otra historia con historia…

20 de diciembre de 1943. Charles Brown, el capitán de un bombardero norteamericano, y sus tripulantes, acaban de recibir la orden de atacar instalaciones militares en la ciudad alemana de Bremen.

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Cumplen la misión con éxito pero a un altísimo precio. Han perdido a uno de sus hombres, seis más se encuentran gravemente heridos, dos de los motores del avión han sido alcanzados y sus defensas han sido destruidas.

El avión avanza a duras penas gracias a la tenacidad de su capitán. Sin embargo, cuando parece que han conseguido escapar rumbo a su base, todo se desmorona. Charles Brown advierte que tiene a uno de los temibles cazas alemanes en su cola. Piensa que todo ha acabado. En sus circunstancias son una presa extremadamente fácil. Cierra los ojos esperando el final. Pero el caza no les derriba. De hecho, observa que el caza se ha puesto en paralelo. Se cruzan las miradas. Instantes después el piloto alemán le hace unos gestos con la mano y seguidamente desaparece de su vista. Charles Brown no entiende nada. Pero sigue vivo.

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Cuando llega a la base les cuenta la historia a sus superiores que le ordenan que la mantenga en secreto, no pueden permitirse humanizar al enemigo.

En 1987, 44 años después de aquél extraño suceso, Charles Brown sigue preguntándose por qué aquel caza alemán les perdonó la vida. Después de muchísimas pesquisas intentando localizar al piloto recibe una carta de un tal Franz Stigler, desde Canadá, con un escueto pero inconfundible mensaje: “Yo era él”.

Tras intercambiar varias cartas y algunas conversaciones telefónicas consiguen reencontrarse en 1989, en USA, en una reunión del Grupo de Bombarderos. Cuando Franz y Charles volvieron a cruzar sus miradas, 46 años después, ninguno pudo contener las lágrimas. En aquella reunión había otras 10 personas que seguían vivas gracias a aquel piloto alemán que decidió no derribar a su indefenso avión.

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Charles no pudo esperar mucho para hacerle la pregunta que le llevaba rondando más de 40 años ¿por qué nos perdonaste la vida? Stigler le explicó que había recibido una severa instrucción en la que le habían inculcado que la única manera de sobrevivir moralmente a la guerra era manteniendo un comportamiento honorable, en todas sus acciones. Por tanto, cuando vio que el bombardero enemigo estaba lleno de hombres heridos, averiado y desprovisto de cualquier defensa, entendió que no había ningún honor en derribarle.

Desde aquel día ambos pilotos mantuvieron el contacto durante casi 20 años hasta que Stigler falleció con 92 años de edad. A los seis meses falleció Charles pero se fue sabiendo por qué le habían perdonado la vida: por honor.

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Nota: Agradecer al Generale habernos puesto en la pista de esta maravillosa historia.

Nos vemos en septiembre!

 

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