Música entre barrotes

Esta semana viajamos hasta Malaui, uno de los países más pobres del mundo. En una prisión de máxima seguridad de Zomba hay un grupo de música muy particular. Se llama Zomba Prison Proyect y está integrado exclusivamente por reclusos y reclusas de la cárcel.

Se trata de un grupo de presos encerrados por diversos motivos y con diferentes condenas. Los hay condenados por asesinato; por robo o simplemente por ser homosexuales (absurdo, pero tristemente cierto). Algunos saldrán dentro de unos años, otros no saldrán nunca.

Sin embargo, este particular grupo de música ha saltado a la fama mundial por una noticia absolutamente increíble e inesperada: han sido nominados para los premios Grammy, el evento musical más famoso del mundo. Efectivamente, aunque suene imposible, este grupo de presos de una cárcel de máxima seguridad en Malaui, compartirán cartel en la próxima edición de los Grammy que se va a celebrar el 15 de febrero en Los Ángeles con Taylow Swift; Maroon 5 o Foo Fighters. Lo que no podrán compartir será alfombra roja porque, como era de esperar, ninguno de los componentes del grupo tiene permiso para asistir a la ceremonia.

Su nominación en los Grammy les ha llegado en la categoría de “Músicas del mundo” y cuando se les ha comunicado dicha noticia han reaccionado con incredulidad y mucha alegría. Se sienten muy orgullosos de que su voz sea escuchada en el resto del mundo. Alegría especialmente necesitada para unas personas que, con independencia de sus posibles errores del pasado, conviven junto con otras 2.000 personas en una prisión diseñada para 340.

También hay quien ha criticado que se nomine a un grupo de personas al margen de la ley, consideran inapropiado que se le otorgue un altavoz a criminales. Sin embargo, esa óptica rencorosa parece injustificada cuando comprendes la  insignificante entidad de algunos de los “delitos” por los que cumplen pena; las circunstancias en las que los cometieron o, en otros casos, su antigüedad, ya que algunos llevan en la cárcel desde los años 80.

La música, y su talento, ha permitido a estos hombres y mujeres recluidos en una cárcel perdida en los confines del mundo tener una segunda oportunidad y mantener, aunque sea muy tímidamente, un poquito de esperanza.

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