Nuestra canción

Esta semana viajamos hasta Namibia, concretamente nos centraremos en una de las tribus de aquellas tierras: Los Himba. Nos ha llegado una historia maravillosa acerca de esa tribu. Después de investigarla hemos encontrado algunas fuentes que aseguran que es completamente verídica mientras que otras entienden que es una tradición no contrastada. Por tanto, catalogaremos esta historia como “leyenda“. Sea como fuere, es una historia que merece ser contada y creemos os va a gustar mucho.

Los Himba son una tribu ancestral que todavía, hoy en día, permanece fiel a sus tradiciones. Sin duda, de todas ellas, la que más llama la atención es la vinculación de cada persona con una canción única y diferente a la de todas las demás.

Cuando una mujer Himba se queda embarazada pasa largos días pensando en una canción para su bebé. Cuando, por fin, la encuentra, se la canta al padre que también la aprende. A continuación se la canta a los abuelos que igualmente la memorizan y también a las nodrizas que hacen lo propio. Por supuesto se la canta al propio bebé a diario.

El niño crece escuchando esa canción, su canción. Cuando consigue un logro todo el pueblo canta su canción en señal de felicitación y reconocimiento.

Del mismo modo, cuando el niño realiza una mala acción la tribu se reúne y le canta su canción para recordarle quién es en realidad, a fin de que vuelva a conectar con su yo y pueda recuperar la senda correcta.

La conexión con la propia canción se mantiene durante la edad adulta. Los novios en la boda cantan mutuamente la canción del otro. Y todos los momentos significativos de una persona van acompañados de esa canción que le pertenece sólo a él y le ha acompañado durante toda su existencia.

Por supuesto, cuando una persona fallece, sus familiares y amigos le despiden cantando su canción para acompañarle en su viaje hacia la otra vida.

Los Himba consideran que cada persona tiene su propia melodía. Entienden que todos nacemos esencialmente buenos y que si tenemos presente nuestro origen, la raíz de todo, permanecerá nuestra bondad genuina.

No sabemos si tienen razón pero sería realmente bonito que así fuera.

Nota: Agradecer a Garry habernos descubierto esta preciosa historia.

 

 

 

 

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