Una esperanza tatuada

En Nigeria hay niños que al poco de nacer son acusados de brujos. La mera sospecha supersticiosa condena a estos inocentes e indefensos niños al peor de los destinos. Una vez son considerados brujos sus padres les abandonan en la calle a su suerte. Por si esto fuera poco, está prohibido que nadie les ayude, tienen que valerse exclusivamente por sí mismos. Evidentemente, dada su corta edad, esos niños están condenados a una absurda y cruel muerte. Salvo que se cruce en su camino Anja Ringgren Lovén.

Dicha danesa de nombre impronunciable para nosotros descubrió este drama nigeriano hace aproximadamente tres años durante un viaje a aquél país. A la vuelta a su casa en Dinamarca no podía quitarse de la cabeza las imágenes de niños famélicos, repudiados y abandonados a su suerte a la espera de una muerte segura. Ante esta situación Anja decidió tomar una audaz y valiente decisión: venderlo todo, dejar su vida atrás y marcharse a Nigeria a intentar ayudar a estos niños. No comenzaría la aventura sola ya que convenció a su marido para que hiciera las maletas con ella.

Durante más de dos años estuvo desarrollando su desalentadora pero impagable labor sin el más mínimo reconocimiento. Pero a veces los buenos también tienen suerte. A finales de enero de este año Anja recibió el aviso de que había un niño de apenas dos años vagando famélico por las calles apunto de morir. Tan rápido como pudo acudió a su encuentro. El niño tenía un estado lamentable, apenas se sostenía en pie y la gente de su comunidad pasaba a su lado ignorándole por completo. Anja le atendió, le alimentó, le dio cariño y le llevó a una hospital para intentar su recuperación. Pero esta vez su acción no fue anónima. Alguien hizo una foto.

Dicha foto y su historia rápidamente se convirtió en viral y despertó a muchas conciencias. Gracias a ella Anja ha recibido, y sigue recibiendo, multitud de ayudas que están permitiendo ampliar y mejorar considerablemente la encomiable labor que realiza en aquél país.

Apenas un par de meses después, el niño,  ya totalmente recuperado, parece otro en el orfanato creado por Anja para los niños “brujos”. Ahora no solo come y tiene buena salud sino que, además, juega y ríe con sus compañeros.

Anja ha decidido llamar a este niño “Hope” (esperanza). Y el nombre no puede estar mejor elegido ya que su historia ha permitido que Anja tenga muchos más medios para que otros muchos niños abandonados también tengan… esperanza.

 

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