Siete vidas en una

 

Se llamaba Carlo Pedersoli y nació en Nápoles. Estudió químicas, tuvo que emigrar junto a su familia a Sudamérica, fue bibliotecario, nadador, jugador internacional de waterpolo, participó en tres juegos olímpicos, ayudó a construir una carretera, vendió coches, hablaba seis idiomas y era capaz de pilotar aviones. Pero, sin duda, casi todos le recordaremos como Bud Spencer en sus maravillosas, entrañables e inolvidables películas que acompañaron la infancia de toda una generación.

Hace unos días nos dejaba el gran (en todos los sentidos) Bud Spencer y los cofundadores de este blog (que le profesamos muchísimo cariño) nos vemos obligados a dedicarle la historia con historia de esta semana a su asombrosa vida.

Bud Spencer es uno de los mejores ejemplos de aquélla máxima (que tan bien nos viene que nos recuerden a todos de vez en cuando) que viene a decir algo así como “no pienses en las cosas que vas a hacer, ponte a hacerlas”.

Por ello Carlo, que había ocupado diferentes oficios y se ganaba la vida como nadador, de hecho era el hombre más rápido sobre el agua de Italia (recordman de los 100 metros lisos) y había participado en tres JJOO (Helsinki, Melbourne y Roma), decidió cambiar de nombre y de vida para intentar dedicarse a lo que realmente le apetecía en ese momento: el cine.

Sabía que su nombre tenía poco gancho y se lo cambió por el de Bud Spencer: Bud, en honor a su cerveza favorita (Budweiser) y Spencer en honor a su actor de referencia (Spencer Tracy). El destino le puso en su camino a otro italiano que también había cambiado de nombre, en su caso se hacía llamar Terence Hill, y juntos rodaron un montón de disparatadas comedias que hicieron las delicias de adolescentes (y no tan adolescentes) durante dos décadas.

Bud Spencer reconocía humildemente que no era actor. Y ciertamente su registro interpretativo era más bien limitado, pero qué importa eso cuando sabes atizar tortas con la mano abierta frente a indeseables de todo pelaje mientras gastas una sincera media sonrisa de satisfacción. Como el propio Bud Spencer decía, lo que me gusta de mis películas es que siempre lucho contra la injusticia, aunque se muestre esa lucha de forma intencionadamente cómica.

Ajeno a los roces y los celos que muchas veces existen en los rodajes de cine siempre mantuvo una excelente relación con Terence Hill.

No sólo en el ámbito profesional se llevaba bien con su pareja puesto que estuvo casado durante 56 años (desde 1960 hasta su fallecimiento) con quien él mismo denominaba como su ángel de la guarda: María Amato, con quien tuvo tres hijos.

Después de una vida tan intensa, falleció a los 86 años de edad en un hospital de Roma rodeado por su familia. Su hijo ha hecho público que se despidió con un sentido “Gracias”.

Bud Spencer empezó a actuar cumplidos los 37 años, no sabía nada de interpretación, medía casi dos metros y pesaba 140 kilos. Su carrera parecía destinada a pequeños papeles secundarios o incluso como extra y, sin embargo, protagonizó películas que permanecerán imborrables en la memoria de muchas personas que crecieron viéndolas. Sin duda su emocionante vida y su ejemplo nos animan a poner en marcha esos ilusionantes proyectos que todos tenemos aparcados “para algún día”. Sólo se vive una vez, Bud Spencer lo tenía claro, y por eso parece que vivió siete vidas.

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s