“Up” existió de verdad…

Comenzamos el tercer año de blog con la conmovedora historia de Edith Macefield. Esta anciana, viuda y sin hijos, vivía a los 84 años en su tranquila casa de Seattle cuando se enteró de que iban a construir un importante centro comercial en su manzana.

Los promotores de dicho centro comercial fueron comprando todas las parcelas de la manzana pero la casa de Edith se les resistía. A pesar de que su valor real apenas rondaba los 120.000 dólares, los aludidos promotores, desesperados ante su negativa le ofrecieron cuatro veces su valor: 500.000 dólares. Pero Edith no cedía.

Un tiempo más tarde le ofrecieron 750.000 dólares y siguieron recibiendo la misma respuesta.

Completamente a la desesperada subieron la oferta a un millón de dólares pero Edith se mantuvo firme en su decisión. Resignados, iniciaron las obras teniendo que respetar la única parcela que no habían podido adquirir.

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El ruido y trasiego de las obras tampoco consiguieron mudar a Edith de su hogar. Al contrario, como la vida es ciertamente sorprendente, acabó trabando una intensa amistad con el jefe de obra. Después de muchos meses de conversaciones diarias Barry, que así se llamaba, se atrevió a hacerle al gran pregunta a Edith: “Por qué nunca quisiste vender la casa”? la respuesta de Edith fue tan sencilla como contundente: Aquí murió mi madre y aquí quiero morir yo. No se volvió a hablar más del tema.

Dos años después, cuando Edith tenía ya 86 años, le diagnosticaron un cáncer de páncreas que acabó con su vida en junio de 2008. El heredero de su casa ¡fue precisamente Barry! quien le había hecho compañía en los últimos compases de su vida. Barry no quiso venderle la casa a su antigua empresa y decidió transmitírsela a un comprador bajo el compromiso de que la mantendría con el mismo aspecto.

El estreno de la película “Up”, cuya parecido en la trama con la historia de Edith es indiscutible, no hizo sino agrandar la leyenda de Edith, y muchas personas depositaban como homenaje a ella globos en la casa.

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Ya han pasado varios años desde aquello y la casa vuelve a estar en venta y no mantiene el aspecto encantador de antaño. Pero sigue evidenciando que, en contra de lo que se suele decir, “el dinero no siempre lo puede comprar todo“.

 

 

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